martes, 23 de abril de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 11



11


A la noche:

Víctor se hallaba en el sótano observando su arma. ¿Debería llevársela ahora o le daría tiempo a buscarla después? ¿Y, en el caso de llevársela, como la ocultaría? Era imposible pasearse con un arma sin levantar sospechas y era muy difícil engañar a todo el que osase mirarlo con ilusiones. Haría falta, o vigilar siempre a ver quien está mirando a uno para usar la ilusión, o crear una ilusión general que engañase a todos los presentes en el lugar al mismo tiempo y eso era imposible.

¿Entonces que debía hacer? En el armario no había nada aparte de las armas y Víctor nunca había poseído fundas o nada por el estilo.

Pero. ¿Y su padre? ¿Habría guardado alguna de las fundas que seguramente usó cuando aún salvaba a los humanos o acaso habría tirado todo después de abandonar las batallas, cuando Víctor cumplió cuatro años? El no lo sabía. Pero pensaba averiguarlo.

Registró otra vez el armario a conciencia, tenía la sensación de que se le estaba pasando algo por alto, aparte del hueco donde estaban las armas también había, dentro del armario, debajo de todo, dos cajones en donde normalmente habría zapatos, o eso era lo que había en el armario de la habitación de Víctor. Víctor abrió el cajón más cercano al suelo y comprobó con decepción que no había nada; iba a abandonar e irse a buscar a Layla cuando justo después de abrir el cajón que estaba justo encima vio una hoja de papel moverse y caer en el fondo del cajón justo encima de una...¿medalla? si era eso.

Extrañado Víctor levantó el papel y observó el objeto, era una medalla de oro con un signo plateado que Víctor reconoció enseguida era el emblema del grupo de seyens en el que había estado su padre cuando luchaba. Pero su padre nunca le había dicho que conservara recuerdos del grupo y menos que se concedieran medallas entre los seyen, que extraño,...

Víctor recorrió el emblema con los dedos, era como un símbolo del infinito pero hecho con líneas entrecruzadas haciendo más formas, de entre ellas un rombo en el centro y otro símbolo del infinito de tal modo que al final eran dos símbolos del infinito y un rombo en el centro pero todo unido y todo de plata y pegado a la medalla. A Víctor le pareció un símbolo muy elaborado para una cosa tan simple como el infinito y entonces justo cuando iba a retirar los dedos una corriente lo recorrió y vio a su padre escribir su nombre como destinatario de lo que estaba escrito en la hoja. Tenía que leerlo, era un mensaje de su padre para el. Víctor cogió entonces la hoja y leyó lo que estaba escrito en ella:

Víctor, si estás leyendo esto es que lo peor ha pasado, te has transformado en seyen y yo he pasado a mejor vida. Siento mucho no estar contigo hijo pero intentaré ayudarte con este mensaje. Si no me equivoco ya has encontrado las armas y el lugar de entrenamiento, bien, ahora mira en las puertas que hay debajo de la mesa de mi escritorio. Si abres la puerta de la derecha encontrarás una mochila con fundas de armas que puedes atar a tu cintura, eligiendo una funda de color idéntico al de tu pantalón esta pasará desapercibida, de todos modos siempre puedes ocultarla con ilusiones. En la otra puerta hay chaquetas de trajes adaptadas par ocultar armas pequeñas. Con eso ya tienes lo necesario para pasar desapercibido en tus salidas nocturnas. Respecto a los poderes la única clave que puedo darte es la absoluta concentración y fijación mira atentamente a los ojos de tu sujeto y atrápalo con la mirada y al adentrarse en su mente busca solo lo que desees, no te distraigas con otros recuerdos, ni  pierdas la concentración. No puedo decirte más, únicamente recordarte las claves que llevo años enseñándote: discreción, prudencia, carisma y valentía. Y recuerda un seyen solo tiene dos obligaciones salvar a  los humanos y sobrevivir. Pase lo que pase recuerda siempre lo que te he enseñado, mis lecciones pueden serte muy útiles.
Te quiere, tu padre Eivan.

Víctor retuvo una lágrima que amenazaba con escaparse y se puso manos a la obra, encontró las fundas en donde estaba indicado y se puso una gris platino, color idéntico al del pantalón que llevaba puesto; luego miró en la puerta de la izquierda y sacó las chaquetas que más le gustaban y luego de sacar de algunas cuchillos pequeños muy útiles y comprobar que le iban decidió dárselas a Mary para que las lavase ya que llevaban años allí abandonadas.
En cuanto estuvo listo volvió a guardar las cosas en su sitio salvo las chaquetas escogidas que dejó en un cesto de ropa sucia al subir. Le pidió a Mary que mandara preparar un carruaje y cuando este estuvo listo partió en el hasta la casa de Layla.


Mientras tanto Layla se encontraba en su habitación mirándose en un espejo largo y rectangular, llevaba puesto un vestido largo y holgado azul grisáceo de media manga y decorado con franjas de tela doradas y tableadas que se disponían en los bordes del escote amplio y rectangular y de las mangas y por todo el cuerpo del vestido de manera que había una línea azul grisácea, luego una dorada, luego otra azul grisácea y así sucesivamente. Pero lo más llamativo del vestido era un lazo azul oscuro encima del borde del escote en el lado izquierdo. Su pelo largo habitualmente suelto se hallaba ahora atado en un moño y sus labios rosados claros estaban oscurecidos por un pintalabios de unos tonos más oscuros.



Se encontraba nerviosa, era la primera vez que salía con Víctor de manera oficial y no paraba de revisar su ropa y en cuanto veía defectos se cambiaba, nunca estaba satisfecha y por más hermosa que se viera siempre pensaba que Víctor vería algo malo y cambiara de idea y decidiera no salir con ella. No era algo muy inverosímil considerando que Víctor la conocía y sabia de sus sentimientos desde hace años y no se había fijado en ella hasta hace poco.
Alguien llamó a la puerta sacando a Layla de su trance ¿Habrá llegado ya Víctor? ¿Que opinaría de ella?

- Señorita Layla, el señor Roswell ha venido a buscarla. ¿Está usted lista? —Informó la criada desde detrás de la puerta.

Layla respiró hondo había llegado el momento. Se acercó a la puerta y la abrió para luego anunciar decidida.

- Estoy lista — la criada, una mujer rubia, la admiró durante un instante y dijo:

- Está usted preciosa—

- ¿Lo dices en serio? ¿Crees que impresionaré a Víctor? — Preguntó Layla dudosa.

- No cabe duda de que usted ocupara un lugar importante en su corazón después de esta noche. — Afirmó la criada con sinceridad, Layla sonrió y dejó que la criada la guiara hasta el salón, lugar en donde la estaba esperando Víctor en silencio y bajo la mirada atenta de los padres de ella.
En cuanto ella penetró en la estancia el levantó la mirada, sonrió y sus ojos negros y profundos se encontraron con los de ella que le devolvió la sonrisa de inmediato, como un acto reflejo mientras sentía como su mirada la embaucaba como nunca había hecho antes. Pero ¿Que decir? Estaba perdidamente enamorada de el.

- Layla estás preciosa. — Dijo el y se acercó a ella. Layla se obligó a dejar de mirar a sus ojos y centrar la atención en el traje compuesto de chaqueta y pantalón; además de la camisa blanca de manga larga, cuello alto y con una pajarita, de color platino brillante y al momento se arrepintió de haberlo hecho pues el traje aunque espléndido le traía recuerdos de la última vez que Víctor había lucido ese color. Era en la boda de Nicolas y...No, ahora no es momento de pensar en ella.

- Vámonos, se está haciendo tarde— la instó Víctor, el la cogió de la mano y se fueron del lugar, no sin antes despedirse educadamente de los padres de Layla. Una carroza les esperaba fuera; penetraron en ella y esta partió rumbo a la ópera.

Por el camino Víctor miraba distraídamente el paisaje nocturno de las calles, afortunadamente estaba nublado y no se veía la luna lo que le permitiría estar fuera junto a Layla sin que esta sospechara nada de el. Había decidido no darle vueltas al tema de compaginar las que empezaba a considerar sus dos vidas, (humana y seyen), y disfrutar del momento, luego, ya se preocuparía de la situación en caso de que surgieran problemas.

- ¿Te has enterado de lo del padre de de Emil? — Pregunto Layla para dar un tema de conversación. Víctor asintió y dijo:

- Gerard me lo comentó esta mañana. Ha sido horrible—
- Y como siempre... — empezó ella
- No saben quién ha sido el asesino. — Completó el.

- Eso es lo peor de todo. Cada noche muere más gente sin que se sepa quien los mata y porque — Opino Layla.
- Tienes razón. Ojalá esto se solucione pronto— Soltó Víctor simplemente y volvió la vista a la ventana otra vez pensativo. Lo cierto es que no le apetecía hablar mucho de esos temas, le hacían pensar en lo que era, en lo que se estaba convirtiendo y lo que ello suponía. Y francamente, eso era lo que menos quería hacer. Había llevado el arma por si se daba el caso de necesitarla pero de verdad esperaba que no pasara nada...

En esto llegaron a la ópera y salieron de la carroza que les dejó justo delante de la entrada principal de la ópera de Stern, permitiéndoles ver como la puerta, de madera se hallaba casi rodeada por un arco de medio punto sostenido por dos columnas de fuste liso y esbelto y capitel decorado con hojas de acantio. Layla recordaba los nombres de esos elementos de la columna de las clases de arte que había recibido cuando era más joven.

Víctor y Layla no eran los únicos recién llegados, había mucha gente que acababa de llegar al mismo tiempo y ahora se dirigía hacia el interior de la ópera, Víctor y Layla se mezclaron entre la multitud entrando, ellos también en el interior de la ópera.


Varias horas después:

 - ¿Que te ha parecido? — preguntó Víctor a Layla, la obra acababa de terminar y ellos habían salido afuera y se hallaban charlando detrás del edificio. Ninguno de ellos quería irse aun a casa.

- Es una obra muy bonita. — Reconoció ella. La obra trataba de una historia romántica y trágica en tres actos. Todo comenzaba cuando Isolda se hallaba en el barco que la iba a llevar al castillo del rey Marke para casarse con el, barco que pertenecía a Tristan. Isolda le cuenta a su sirvienta, Bragania, como tras la muerte de Morold, llevaron ante ella a un hombre llamado Tantris que encontraron mortalmente herido y ella lo curó. Entonces descubrió que Tantris era en realidad Tristán, el asesino de Morold, e intentó matarlo mientras estaba indefenso. En ese momento Tristán miró directamente a los ojos de Isolda y esa mirada tan intensa la detuvo. Furiosa, Isolda revela la existencia de una poción que lo redimirá de sus fechorías, un veneno mortal.

Tristan e Isolda se reúnen en la habitación de esta y allí luego de que ella le explique la situación, Tristan acepta tomar la poción aún sabiendo que esta lo mataría. Finalmente ella también toma la poción y creyendo que iban a morir los dos se declaran su mutuo amor mientras el barco atracaba en el puerto y Bragania descubre que la poción era en realidad un filtro de amor que no hizo más que reforzar la mutua pasión que se profesaban.

En el siguiente acto Tristan e Isolda se hallaban en el castillo del rey Marke disfrutando, en una noche en la que el rey estaba ausente, de su mutuo amor como llevaban haciendo todas las noches que podían desde su llegada al castillo del rey. Bragania les avisa en múltiples ocasiones de que la noche se esta acabado pero ellos no hacen caso y finalmente ocurre lo esperado, el rey llega junto con un caballero, Melot, a la habitación y encuentra a Tristan e Isolda uno en brazos del  otro.
Melot y Tristán luchan y Tristán es herido de muerte por Melot.

Al final, en el último acto Tristan es llevado a su castillo en Gran Bretaña y este se mantiene despierto hasta la llegada de Isolda para luego y justo después de que ella llegue morir y ella al verlo muerto muere de pena.


- No esperaba que te gustase. El desenlace es bastante trágico— dijo Víctor.

- Si, pero es una bonita historia, Además, murieron juntos, por lo que de algún modo consiguieron juntarse pero en otra vida. — Opinó Layla.

Layla vio como Víctor dejaba de prestar atención en las últimas palabras, parecía distraído, como si estuviera pensando en otra cosa, entonces ella deseosa de llamar su atención dijo:
- Gracias por haberme hecho pasar una noche tan bonita—

- ¿Hacerte pasar? ¿Es que acaso ya se ha acabado? — Preguntó el con una sonrisa tentadora y se acercó a ella.

- Bueno yo... — empezó ella nerviosa por lo tanto que la tentaba su mirada, pero se vio interrumpida por los labios de el depositados sobre los suyos en un beso corto, dulce y tan insinuante que cuando el iba a separarse de ella esta lo atrajo hacia y le dio otro; pero este en vez de corto y dulce resultó ser largo e apasionado y entonces todo lo de alrededor desapareció, solo existían ellos y el amor profesado a través de ese beso y los que le siguieron, cada vez más largos e intensos. Layla se sentía prácticamente en el paraíso y Víctor...Víctor había olvidado prácticamente todo lo que le preocupaba, los asesinatos, el miedo, su conversión, todo había desaparecido para él. Todo, salvo ellos dos.


Entonces, de repente, algo ocurrió..., el ambiente de la noche cambió haciendo que Víctor sintiera un escalofrió en todo su cuerpo y se separara de Layla, sentía que había algo malo oculto entre las sombras y que tanto el como ella estaban en peligro pero más ella. Layla le miró extrañada ¿Que ocurría? ¿Por qué se habían separado?, y ¿por qué Víctor miraba tenso a los lados, si no había nadie?

No había nadie, estaban solos y sin embargo Víctor notaba ese peligro fuerte e intenso, estaba cerca pero el no sentía ninguna presencia. Otro hecho extraño era que sintiera que la que mas peligro corría era ella; los seyens no podían sentir el peligro, ni tampoco adivinar quién estaba más en peligro, lo deducían por la situación pero el si sentía ese peligro y sabía a quien afectaba más.

Layla le cogió la mano preocupada, la actitud de Víctor la estaba poniendo nerviosa, es más, la asustaba, pero ¿De que había que asustarse si no había nada peligroso? Víctor percibiendo su preocupación se giró hacia ella con el fin de tranquilizarla, pero no sabía como, sentía miedo, miedo y preocupación y esta se reflejaba en su rostro.

- ¿Víctor, ocurre algo? ¿Hay alguien aquí? — Preguntó ella preocupada también y temerosa. Víctor miró a los lados y le pareció percibir algo, como una sombra pero entonces esta desapareció...Sacudió la cabeza.

- No, pero sin embargo yo... —Víctor no tuvo tiempo de terminar su frase, otro escalofrió lo recorrió pero más intenso, tanto que tuvo la sensación  el ambiente se helaba a su alrededor. Instantáneamente se estremeció, esto no era nada bueno.

Decidido a mostrar valentía Víctor se giró y fijó su vista al frente, sin soltar la mano de Layla, a quién decidió situar tras el para protegerla. Entonces el frió que sentía se convirtió en energía para él, energía que extrañadamente parecía venir de un solo punto, un punto en el que antes solo había oscuridad y ahora, si uno centraba bien la vista, se podía distinguir la figura de un joven. De el provenía la fría energía...

Con la distancia Víctor no podía captar aun bien al joven pero no necesitaba hacerlo para saber el peligro que suponía, sus instintos ya se lo indicaban, sus instintos y algo más, aunque no sabía que, lo ponían en alerta sobre el y lo que podría ocurrirles a él y a Layla si seguían allí, tenían que buscar un modo de huir, y pronto.

El intruso apareció entonces ante ellos con una velocidad impresionante, era un vampiro, no había la menor duda pero había algo más, al mirarlo de cerca Víctor podía percibir rasgos familiares, rasgos que le hacían pensar a...

“No, es imposible, el no...” pensó Víctor y varias emociones cruzaron su mente, incredulidad, sorpresa, y miedo, mucho miedo y odio...

Sin embargo el intruso apenas le estaba prestando atención, sus ojos intensamente azules se hallaban concentrados en la joven y a la vez que estos se aclaraban ella se fue tranquilizando. Satisfecho, el joven sonrió, mientras que Víctor fue percibiendo más detalles familiares, como su pelo corto y desenfadado liso, sus ojos azules, e incluso su altura que se asemejaba mucho a la suya y finalmente, esa sonrisa maliciosa... Todos esos elementos se juntaron en su mente formando una certeza expresada con un solo nombre.

- Yohann —

A pesar de la fuerte rabia que podía percibirse ante el tono usado por Víctor, el aludido sonrió, la escena que se presentaba ante el era encantadora, Layla tan débil, tan frágil, tan protegida y oculta en parte por Víctor situado delante de ella en una postura defensiva seguramente aprendida por su padre o copiada de el. Estaban allí, los dos solos, completamente a su merced. La sed comenzó a subir por su garganta y por un instante fijo la vista en su cuello un instante, pero una mirada fulminante por parte del joven que se hallaba a su lado le hizo retirarla instantáneamente, algo intimidado aunque no tenía razón para sentirse así, ¿o si?
No, no debía sentirse intimidado por nada ni por nadie, el era un vampiro, era superior a el. Decidido, se encaró con el joven Roswell y anunció con una sonrisa tenebrosa.

 - Nos volvemos a ver, Víctor —

Víctor volvió a estremecerse casi por instinto, no sabía si era realmente poder lo que sentía, aunque lo dudaba, Yohann era a su parecer demasiado reciente para poseer tal cosa y sin embargo había algo en el que le hacía temerle...

- Yohann— dijo simplemente, — ¿Que haces aquí? — El aludido dio unos pasos hacia el mientras que Víctor retrocedía haciendo retroceder a Layla con él.

- ¿No es evidente? —Yohann sonrió fijando su vista en la joven para luego sentir otra vez esa mirada fulminante por parte de Víctor pero no se inmutó y siguió hablando. —Déjame adivinar, no te lo esperabas, ¿verdad? Las cosas que tiene el azar— exclamó y se rió hasta que de repente comenzó a sentir un dolor intenso y entonces, fue el, el que fulminó a Víctor por la mirada.

Pagarás por esto” le dijo mentalmente cuando el dolor remitió. “Y también por lo otro” Era una amenaza pura y dura que habría provocado que el aludido se estremeciera si no fuera por la rabia que sentía cada vez que le veía observando a la joven con la sed escrita en su rostro.

- Yo no lo llamaría azar— dijo simplemente.- Buscaste unas presas y las encontraste. Nos percibiste y nos seguiste. Eso no es azar Yohann, es provocación. — Afirmó con tono acusatorio.

Al margen de la tensión cortante entre los dos jóvenes, Layla se hallaba observando la escena sin apenas comprender nada. Su mirada oscilaba a Yohann, luego a Víctor pero seguía sin comprender el motivo de semejante tensión ni tampoco el sentido completo de las palabras de los jóvenes. Por un instante, Yohann volvió a oscilar la mirada hacia ella y de nuevo sonrió maliciosamente; si había algo que le gustaba de su nueva vida, además de la inmortalidad, era su poder para inspirar confianza en la gente, hacer que esta no se diera cuenta del peligro que corría con él cerca.

- ¿Víctor, de verdad no crees que es cosa del destino el hecho de que justo en el momento en el que rehaces tu vida junto a tu nueva princesa esta te es arrebatada? — Preguntó Yohann, entonces se le escapó una pequeña risa malévola y se lanzó hacia la pareja.

- ¡No! — Gritó entonces Víctor, extendiendo el brazo que tenia la mano libre en un gesto defensivo, hacia delante, Yohann salió disparado hacia atrás como si algo lo hubiera lanzado y en el último instante posicionó sus brazos y sus manos de manera que estas sostuvieran su cuerpo antes de caer al suelo. Pero eso no evitó que al momento de posarse se sintiera un crujido y Yohann contuviera un gemido a la vez que tendía los brazos en el suelo, algo adoloridos.

Víctor miró al frente sorprendido ¿Acababa de lanzar a Yohann con solo pensar en detenerlo? Si, lo había hecho. Yohann se estaba concentrando para curarse, se notaba que el ataque lo había cogido por sorpresa, bien, ahora no había tiempo que perder, Yohann seguramente tardaría unos segundos en levantarse y atacar de nuevo, Layla y el tenían que salir de allí ahora; ¿pero como?

Entonces como revelándole una posible solución unas alas grandes surgieron de su espalda, Layla no pudo evitar mirarlas sorprendida ¿Acaso Víctor era un ángel? No, no podía ser pero las alas estaban allí. Víctor se giró hacia ella y algo en su expresión hizo que dejara de hacerse preguntas y se tranquilizara; el la cogió por la espalda y le dijo en voz baja:

- Agárrate, bien y no te preocupes, todo saldrá bien —

Layla ni siquiera se preguntó porque debía hacerlo, su mente ya no deseaba hacerse preguntas solo deseaba hacer caso a esas palabras, agarró a Víctor por detrás del cuello y los dos se elevaron justo en el momento en que Yohann se levantó y volvió a atacar, haciendo que este se parara y no pudiera hacer otra cosa sino observar como sus presas huían volando.

lunes, 15 de abril de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 10


10


La tarde llegó rápidamente y mientras Víctor se hallaba en la sala de estar revisando su libreta y corrigiendo algunas cosas que había escrito siendo niño y que ahora no le parecían bien expresadas el reloj de la pared marcó las cuatro y de el salió un sonido de campanadas.

Las cuatro campanadas de ese reloj le recordaron la hora que era y lo que había programado hacer para esta tarde. Tenía que ir a casa de Layla y convencer a sus padres de que la dejaran ir a la ópera con el. Víctor guardó la libreta en un cajón que había debajo de la pequeña mesa de madera decorada con cristales de colores claros que brillaban a la luz del sol, que se filtraba a través de la ventana y rodeando un circulo gris que estaba en el centro de la mesa hecho con piedras pequeñas encajadas. El círculo representaba la luna llena y la técnica, tanto de los bordes como del centro, era denominada “mosaico”, y era una bonita aportación de su padre que además de seyen había sido un artista.

Luego de guardar la libreta Víctor salió de la sala, se dirigió a la puerta y salió por ella, no sin antes avisar a Mary de que se iba y a donde iba. Así si alguien lo buscaba y se presentaba en su casa ella sabría decirle a esa persona donde encontrarlo.

No le apetecía caminar, pero tampoco quería coger un carruaje por lo que decidió coger la bicicleta, así iría más rápido que andando y sin la necesidad de seguir el trayecto hasta el final, por lo que podía decidir por donde ir.

Si bien la casa de Layla no estaba a la vuelta de la esquina, no había mucho camino entre su casa y la de ella, concretamente se encontraba poco después de la plaza saliendo por la izquierda. Luego de salir por allí, uno debía seguir recto por la zona de tiendas que había en esa zona y después coger la primera salida a la derecha, para llegar a una calle en la que se encontraban muchas viviendas entre ellas la de Layla. 

Pero Víctor al llegar a la hilera de tiendas no siguió porque los escaparates de una tienda de pastelería, confitería y derivados lo hicieron pararse. Normalmente no solía prestar atención a los chocolates y otros dulces que se mostraban allí, pues los chocolates no eran su pasión, pero si eran bien apreciados por Layla y eso fue lo que hizo que aparcara su bicicleta delante de aquella tienda y entrara en ella.

Poco después de entrar el olor a chocolate, nata y caramelo entre otros se mezcló en el ambiente, los escaparates estaban llenos de cajas con sus respectivos dulces, tanto en forma de chocolatinas como de galletitas o pastelitos y no muy lejos había lo más parecido a un frigorífico grande con puertas de cristal por donde uno podía verlo todo, que era donde las tartas y los pasteles recién hechos se conservaban fríos hasta que las personas que los habían encargado los venían a recoger.

Víctor curioseó los diversos estantes hasta que una caja llamó su atención. Se trataba de una caja rosada en forma de corazón, en la parte de delante se veían imágenes de diversos bombones de chocolate y sabores muy variados: negro, con avellanas, con almendras, blanco,...y todos en forma de pequeños corazones. No era un gran regalo pero Layla lo apreciaría y seria un gesto romántico que los padres de ella podrían apreciar.

Víctor cogió la caja y se acercó al mostrador en donde estaba una dependienta. Allí pagó la caja y ella le dio una bolsa en donde guardarla. Víctor guardó la caja en la bolsa y volvió a montar en la bicicleta con su regalo para seguir su camino.

Víctor cogió la primera salida a la derecha y aparcó delante de la cuarta vivienda, la casa de Layla. Se trataba de una casa grande blanca, con un tejado lo suficientemente puntiagudo para que la nieve (en el caso de haberla) resbalara.

Con la bolsa en la mano y una sonrisa Víctor se encaminó hacia la casa y llamó a la puerta.
La criada de la casa fue quien abrió la puerta.

-         Buenas tardes señor Roswell — saludó ella.

- Buenas tardes busco a los señores Austerlitz — Dijo Víctor. Austerlitz era el apellido de Layla. A pesar de que lo que más deseaba Víctor era ver a Layla convendría primero hacer la petición a sus padres para ver si le daban su permiso; luego ya vería si ella quería ir o no.

- Entre, ahora mismo les aviso — Dijo ella.
Víctor entró en la estancia mientras la criada se fue a la sala de estar.

Cuando volvió venia acompañada de un hombre y una mujer, los dos castaños, pero mientras el pelo de el era corto y castaño claro, el de la mujer era castaño oscuro, como el de Layla. Los dos tenían el pelo liso, igual que Layla, pero los ojos no eran iguales. Los del padre eran verdes, como los de su hija, y los de la madre eran azules.

- ¿Quiere usted pasar al salón señor Roswell? — Preguntó la mujer.

- Si, gracias, pero por favor llámenme Víctor — contestó Víctor
Víctor se dirigió al salón, también llamado sala de estar, guiado por los padres de Layla y se sentó en un canapé justo enfrente de otro en donde se sentaron los padres de Layla.

- ¿Y bien Víctor que se le ofrece? — Preguntó entonces el padre de Layla.
- Por favor, Ancel, tutéeme — Pidió Víctor, Ancel, que así de llamaba el padre de Layla dijo:
- Entendido, ahora prosigue —

- Bien, veréis esta noche presentan una ópera en la ciudad. Tristan e Isolda, no se si la conocéis — Dijo Víctor a lo que los padres de Layla solo asintieron. Víctor siguió:
- Me gustaría invitar a su hija a verla conmigo y quisiera saber si su hija tendría permiso para salir esta noche e ir. Naturalmente, no pienso dejarla sola en todo momento y cuidaré de ella. —

La madre de Layla parecía preocupada en su mente se vislumbraban las noticias de las muertes que se sucedían desde finales de agosto pero al oír a Víctor decir que cuidaría de ella con tanta seguridad se tranquilizó, seguro que no ocurría nada por una noche.

- ¿Y a que hora es esa obra? — Preguntó entonces Ancel. A el no le interesaban tanto los asesinatos como el saber cuanto tiempo pasaría su hija fuera y además no se fiaba de Víctor. Bueno en realidad no se fiaba de ningún chico que rondara a su hija en general así que Víctor no le dio importancia a ese pensamiento y se limitó a contestar a la pregunta.

- A las siete y media —

- Las siete y media, esta obra dura cuatro horas por lo que acabará a las once y media. Es una buena hora para volver” Pensó la madre de Layla y Víctor vio que ella ya había asistido a una representación de esta obra anteriormente en Berlín.

- Yo creo que deberíamos dejarles ir — dijo ella entonces dirigiéndose a su marido en voz baja.

- Idonia no sé si convendría... — empezó el en el mismo tono pero ella lo interrumpió y dijo:

- No volverán muy tarde, además ya lo oíste el la cuidará. En serio, Ancel, a nuestra hija no le ocurrirá nada. — Entonces Víctor se dio cuenta de que la principal oposición a que el y Layla salieran venía de su padre. Ella en cambio confiaba en su hija y sabía que esta había elegido bien.

- ¿Y te fías de el? — cuchicheó entonces el tan bajó que Víctor apenas lo oyó.

- Pues claro. Es un chico decente y amable y además nuestra hija lo ama — Contestó ella con un cuchicheo idéntico. Ninguno de ellos parecía plantearse que haría Víctor en caso de que alguien quisiera matar a Layla pero los dos parecían confiar en que este la protegería. Un silencio se prolongó entonces por la estancia pero Víctor paciente esperó, no le convenía abrir la boca y estropearlo todo.

- Esta bien — le susurró entonces Ancel a su esposa y luego dijo a Víctor en voz más alta:

- De acuerdo, Víctor, puedes ir con ella. Layla tiene nuestro permiso para salir contigo esta noche —
- Muchas gracias, a los dos, ¿está Layla en la casa? — dijo entonces Víctor ansioso por reunirse con ella y hacerle la petición.

- Si, está en el jardín — dijo Ancel. Víctor recogió la bolsa que había dejado previamente en el suelo, se levantó y dijo:

- Entonces, si me disculpan, iré a verla — Por un momento los padres de Layla se quedaron callados, era como si quisieran decirle algo pero no supieran como.

- ¿Ocurre algo? — preguntó Víctor pero ellos negaron automáticamente con la cabeza. Víctor se encaminó entonces al jardín sin preocuparse de ese instante de silencio, pues pronto sabría a que se debía.

Para ir al jardín de la casa de Layla desde el salón uno debe salir de la instancia y luego internarse en el pasillo y dirigirse en línea recta por el mismo pasillo por el que uno iba a la puerta de entrada a la casa pero en sentido opuesto.

Cuando Víctor ya se acercaba a la salida trasera de la casa, que era la que llevaba al jardín, pudo sentir la presencia de Layla y de alguien más. Víctor se centró en lo que le indicaba la presencia y se dio cuenta de que era su energía la que notaba. Tanto la energía de Layla como la de la otra persona tenían algo parecido, seguramente debido a que los dos eran humanos. No tardó mucho en darse cuenta de que la otra energía pertenecía a un chico. 

Víctor no tardó mucho en salir al jardín y vio que Layla estaba de pie casi en el centro del jardín hablando con un muchacho rubio, de pelo corto, muy bien peinado, liso y ojos azules. Se trataba de Cedric el antiguo prometido de Layla, un joven adinerado e influyente acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Su padre era un financiero muy rico e influyente y le conseguía todos sus caprichos. No había nada que Cedric no hubiera conseguido con el dinero y la influencia de su padre, incluso el compromiso con Layla había sido obra de su padre. 

- Cedric, por favor, ya se que fue repentino pero no me arrepiento de mi decisión. Tu y yo no congeniamos — Le explicó Layla.

- ¡Pero yo te quiero! — Insistió el

- Lo sé pero yo no, al menos no del mismo modo. — Dijo ella. Víctor pudo percibir que estaba cansada de esa discusión, por lo que no era la última vez que la tenían. ¿Cuanto tiempo llevaría Cedric intentando renovar el compromiso?

- ¡Layla, por favor, dame una oportunidad! Entiendo que hice mal metiendo a nuestros padres en el asunto pero piénsatelo. Somos amigos desde la infancia y yo tengo mucho dinero. Te daría una vida de reina — Pareció suplicar él.

Víctor también tiene dinero.” Pensó ella y en ese momento desvió la mirada y se topó con la de Víctor, quién le sonrió, más no hizo ningún gesto para interrumpirlos.

En cambio a Layla no le importó ese detalle ni tampoco la presencia de Cedric.

- ¡Víctor! — Exclamó ella alegre y se lanzó a los brazos de Víctor y le rodeó el cuello en un semiabrazo.

¡¿Que pasa?! ¡¿Aparece el y yo desaparezco?! ¡¿Pero es que no se da cuenta de que ese comportamiento no es apropiado de una dama de su clase?!” Pensó Cedric mientras miraba muy enfadado a la pareja.

- Yo también me alegró de verte, amor, pero creo que convendría que me soltases. Tu antiguo prometido no parece muy contento — Le susurró Víctor a Layla, ella sonrió encantada y luego echó un vistazo a Cedric.

- No te preocupes, solo está celoso — le susurró sin soltarse de el..

- Ya, pero aún así creo que deberías soltarme ¿Si no como cogerás mi regalo? — insistió el

- Esta bien — accedió ella y lo soltó cogiéndole la mano libre

- Cedric, ¿Podrías disculparnos? Layla y yo necesitamos hablar a solas. — Dijo entonces Víctor. Cedric le fulminó con la mirada un buen rato pero luego dijo tranquilo.

- Claro, faltaría mas, nos veremos otro día Layla — dijo el marchándose pero antes de salir del jardín se giró y la llamó.

- Layla, piénsatelo, ¿quieres? No tienes porque contestarme ahora y si aceptas no nos casaremos inmediatamente si no quieres. Esperaré el tiempo que haga falta. — Comunicó el entonces a la chica, regalándole una sonrisa. 
Layla no le contestó y el se fue muy enfadado con Víctor y eso que el aún no había hecho ni dicho nada problemático.

- ¿Esa bolsa contiene mi regalo? — Preguntó entonces Layla a Víctor para que este le prestara atención.

- Es que no es un regalo, son dos. Uno está en la bolsa y el otro ya lo verás — Le contestó Víctor y le entregó la bolsa a Layla.

Layla abrió la bolsa con curiosidad, cogió la caja y la miró.

- ¡Bombones! ¡Víctor, eres un sol! — Exclamó ella alegre.

“Me alegro de que te gustase. Precisamente lo compré pensando en ti” Le confesó Víctor.

- ¿Y el otro regalo? — preguntó ella mirándolo ansiosa. Víctor sacó las entradas y le entregó una a Layla. Ella la miró un rato.

- ¿Esta noche? No se si me dejaran. — Dijo ella.

- No te preocupes, ya pregunté y te dejan — informó Víctor.

- ¿En serio? ¡Que maravilla! ¡Hacia tiempo que no salíamos de noche! Y además la obra está muy buena, o al menos eso dice mi madre. — Comentó Layla muy ilusionada.

- ¿Conoces la historia? — Le preguntó entonces Víctor.

- No. Solo sé que es una historia de amor pero no quiero que me la cuentes. — Contestó ella.

“¿Por que no?” Preguntó entonces Víctor.

- Bueno, si me lo cuentas de nada servirá ver la obra. ¿No te parece? — Contestó ella.

- Quizás tengas razón. Pero yo conozco la historia y aún así quiero verla. — Opinó Víctor

- Creo que entiendo tu punto de vista. Richard Wagner era un buen compositor y te apetece ver su interpretación de la historia. — Supuso ella y Víctor asintió.

- ¿Cuanto dura la representación? — Preguntó entonces ella.

- Cuatro horas por lo que acabará a las once y media. — Contestó el.

- ¿Y piensas llevarme a casa en cuanto acabe la obra? — Dijo ella como si no se lo creyese. Víctor se giró hacia ella de manera que estaban peligrosamente cerca uno del otro y dijo:

- No sé. Puede que eso no dependa solamente de mí. — Layla acercó su cara a la suya y lo besó en los labios.

“Me encantaría que no lo hicieras. Que nos quedáramos un poco más.” Le susurró ella en el oído antes de volverlo a besar.

Víctor devolvió el beso de un modo automático procurándose olvidar de todo lo demás, de ser seyen, los asesinatos, la situación general y, lo peor, el temor a que por esta le pase algo a Layla, nunca se lo perdonaría de ser así. Más consiguió apartar el asunto de lado y continuar el beso como tenía planeando, pensando únicamente en el, ella y lo que ocurría entre ellos justo en ese momento...

De repente Víctor notó que alguien se acercaba y se separó de Layla, ella le miró un poco extrañada no entendía porque paraban, se lo estaban pasando bien.


La criada apareció entonces en el jardín y anunció:

- Siento molestarle señorita Layla pero su padre dijo que convendría que el señor Roswell se marchase. Pronto estará lista la cena y después tendrá que arreglarse para ir a la ópera. —

- ¿La cena? pero aún son las seis” Se sorprendió Layla.

- Supongo que tus padres han decidido adelantar la cena para que así puedas arreglarte antes y estés lista para cuando yo te vaya a buscar. — Opinó Víctor.

- Puede que sí. ¿No te quedas a cenar? — Dijo entonces ella.

- No te lo tomes a mal, amor, pero yo también tengo que arreglarme. — Le contestó Víctor.

Amor...Que bien suena esa palabra cuando sale de sus labios.” Pensó Layla. Víctor encantado le dio un beso rápido y se despidió:

- Hasta esta noche. Te pasaré a buscar a las siete y cuarto. —

- De acuerdo estaré lista. — Dijo Layla y Víctor se fue.

Layla entró en la casa guiada por la criada, apenas podía creer lo que estaba ocurriendo, Víctor, el amor de su vida la amaba, iban a salir y el quería casarse con ella. Además parecía que sus padres empezaban a consentir la relación. Por eso Layla se sentía llena de felicidad y esperaba que esa sensación durase muchos años. No. Mejor que durase los años que iban a pasar ella y Víctor juntos. Seguro que serían muchos. Quizás Víctor pase toda su vida junto a ella. Si eso seria maravilloso. Como si estuviese en el paraíso.

miércoles, 3 de abril de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 9

Bueno, he recuperado mi ordenador [al final el fallo era del cable así que me ha bastado con comprar otro :) ] así que os dejo ya el siguiente y por cierto como al final por razones que no voy a revelar aun no puedo permitirme un portátil nuevo y no creo que el disco duro del antiguo quepa en este que estoy usando ahora voy a intentar volver a escribir los capítulos 10 y 11 del Diario de Evelin de nuevo y en cuanto los tenga listos vuelvo a publicar esa historia también :)
_________________________________________________________________________________


Víctor:


9


En cuanto Víctor estuvo seguro de controlar los movimientos se sacó su espada del dedo y la dejó en la mesa pequeña. Luego de eso se puso a pensar en lo que iba a hacer a partir de ahora.
Lo más lógico sería salir y cumplir la misión de los seyens, proteger a la raza humana, eso era lo que le había dicho su padre que hacían los seyens. Sin embargo estaba claro que lo que le esperaba no iba a ser un camino de rosas, los ataques de criaturas maléficas que provocaría la atracción traerían como consecuencia batallas que podrían ser muy peligrosas, de ahí venia la necesidad de saber luchar. Pero no solo tenia que saber luchar, tenia que saber vencer y vencer implicaba dos cosas: tener un buen manejo de su arma, lo que implicaba un riguroso entrenamiento (otra vez lamentó la muerte de su padre, él si que le entrenaría bien) y saber como derrotar a las criaturas maléficas definitivamente y también saber controlar sus poderes por si los necesitaba en las batallas.

Lo del entrenamiento ya lo tenía claro, iba a ser todos los días e iba a practicar con su arma durante un intervalo regulado de tiempo.

En cuanto al modo de matar a las criaturas lo cierto es que lo recordaba bastante bien pues hace algunos años su padre le había hecho hacer un esquema de las distintas razas en su cuaderno para memorizar sus cualidades o ventajas, debilidades y el mejor modo de matarlas aunque eso último solo lo había hecho con las criaturas maléficas.

El control de los poderes, sin embargo, suponía una gran dificultad para el. Debido a la ausencia de seyens que supiesen de la trasformación de Víctor no había modo de practicarlos, a menos que lo hiciera en humanos, lo cual implicaba un gran problema si no sabía eliminar el efecto y además no le tentaba nada. El no quería hacer daño a inocentes. Algunos podía probarlos en los combates con vampiros, licántropos o demonios pero eso era jugar sucio. Lo cual, tampoco le parecía bueno.

Mientras le daba vueltas Víctor pensó que en realidad era afortunado por ser hijo de su padre. Pues al ser hijo de un seyen y de una humana Víctor nunca había sido del todo humano, siempre había tenido una parte seyen y gracias a ella se le había revelado, ya a los dieciocho años, el poder de las ilusiones. Si, en ese caso había tenido suerte pues, aunque en aquella época el uso de ese poder le resultaba complicado y lo cansaba mucho, con el tiempo había conseguido dominarlo y ahora estaba seguro de que lo controlaba completamente. Genial, un poder menos, un problema menos, bueno en realidad eran dos porque el de leer la mente ya parecía cogerle el truco la noche anterior. Debía de ser uno de los poderes más sencillos. Pero Víctor no sabía que hacer con los demás poderes.

Alguien llamó a la puerta, Víctor enseguida distinguió que se trataba de Mary, rápidamente cogió su arma y la guardó en el armario junto al Yagatán y cerró el armario.

- Puedes pasar Mary, ¿Ocurre algo? — Dijo Víctor anticipándose a ella, si Mary se sorprendió de eso Víctor no lo vio y cuando ella entró no había señal de asombro en su rostro.

- Siento molestarle señor pero uno de sus amigos acaba de llamar a la puerta. ¿Le hago pasar? — Informó ella. Víctor se extrañó de qué alguien viniera a visitarlo a estas horas ya que por lo general Dave dormía hasta muy tarde. Aunque claro, Víctor tenía más amigos, ¿cual de ellos había decidido pasarse por su casa?

- Si, hazlo pasar— anunció a Mary que seguía esperando una respuesta mientras subía las escaleras en dirección a la entrada de la casa para ver quien había llegado.

En la puerta, abierta, se encontraba un joven de pelo muy corto y liso rubio claro y ojos azul celeste que Víctor reconoció enseguida, se trataba de Gerard, el encuentro mutuo de miradas provocó una sonrisa en los dos chicos pero fue Víctor quién saludó primero.

 - ¡Gerard!, ¡Menuda sorpresa!, ¿no estás trabajando hoy? —

El chico negó con la cabeza.

- Hoy Emil me ha dado libre, a pesar de ser sábado. Además no creo que el trabaje tampoco. — Informó Gerard en cuanto Víctor llegó a la entrada. Gerard trabajaba en el laboratorio de la guardia civil que investigaba los asesinatos; examinado cadáveres para después poder determinar como había muerto la victima que estaba examinando.

- ¿Emil, tampoco trabaja? ¿Por qué? — preguntó Víctor. Emil era miembro de la guardia civil e hijo del jefe de la guardia, por lo que siempre se había tomado su trabajo muy en serio. No solía faltar a su deber y siempre intentaba hacer que su padre estuviera orgulloso de el.

- ¿Por que no damos un paseo y te lo explico? Hace buen día y además no es una historia agradable. —  Propuso Gerard. Víctor miró por la ventana, realmente no hacia tan buen día, había unas pocas nubes, pero aún se veía el sol y no llovía; lo cual en otoño era una alegría. Pero el caso es que Víctor tenía curiosidad por saber el asunto de Emil y ya de paso por conocer más noticias sobre las muertes y las desapariciones.

- Mary, salgo a dar un paseo. Volveré para comer así que tenme algo bueno preparado, ¿de acuerdo?” —  informó Víctor a la criada.

- Entendido señor Roswell. Todo estará listo para cuando usted regrese. — Le comunicó Mary antes de marcharse. Víctor se aprestó a salir de la casa pero Gerard lo detuvo.

- ¿No coges una chaqueta? Ya se que no lo parece pero el día está algo fresco y no estaría mal abrigarse un poco. No me apetece que cojas un resfriado, después del semejante verano que hubo aquí. Los contrastes de temperatura no son buenos para la salud. — Le aconsejó Gerard, Víctor se preguntó interiormente que cara pondría Gerard si le contara que el ya no iba enfermar nunca más. Pues los seyens nunca enfermaban porque poseían unas defensas muy elevadas y además se curaban continuamente de cualquier herida lo que evitaba posibles infecciones.

Víctor decidió coger una chaqueta ligera, pues, aunque, al igual que a todos los seyens, a el ya no le afectaban ni el frío ni el calor, convendría coger una para aparentar. Pues la camisa de cuadros rojiza y de manga corta que llevaba no era lo más adecuado para esta estación ni para este tiempo.
Víctor cogió una chaqueta de un marrón idéntico al de su pantalón marrón oscuro y el y Gerard salieron de la casa.

En cuanto estuvo fuera Víctor notó un ligero cambio de temperatura por lo que decidió ponerse la chaqueta, aunque no se la abrochó. No le parecía que hiciera tanto frió como para hacerlo, además Gerard también la llevaba desabrochada.

- Bien, cuéntame, ¿Que le pasó a Emil? — Dijo Víctor mientras el y Gerard paseaban, por las calles, en dirección a la plaza principal de Stern.

- Su padre fue asesinado ayer por la noche. — Informó Gerard.

- ¿Como? — Dijo Víctor sorprendido, una cosa era que gente indefensa muriese asesinada y otra cosa era que mataran al jefe de la guardia civil de la ciudad. No era que la autoridad pudiera hacer mucha cosa con los ataques de criaturas pero normalmente los guardias solían ser más prudentes en sus acciones. Por lo tanto ese no era un ataque casual, era un ataque premeditado, quizás una manera de evitar algún descubrimiento, por parte de los humanos.

- No estoy seguro, fue anoche, el padre de Emil había conseguido ver a uno de los asesinos que andamos buscando y lo persiguió, el quiso seguirlo pero su padre le recomendó que siguiera vigilando el entorno de la celebración de Simeón. No fue hasta que pasaron unas horas y vimos que no volvía cuando nos preocupamos y fuimos en su busca. Nos marchamos por la misma dirección que el padre de Emil había cogido antes, Emil estaba realmente preocupado, prácticamente iba corriendo, me costó seguirle el paso y entonces lo encontramos. Estaba tendido en el suelo, muerto, con los ojos abiertos y una expresión de sorpresa y miedo en su semblante. Supongo que a pesar de todo el asesino le cogió por sorpresa y lo desarmó, porque su arma no estaba por ningún lado y yo puedo jurar que antes de irse la tenía. Tenía varias heridas superficiales en los brazos, que seguramente usó para defenderse y le habían clavado algo en el corazón, eso fue lo que le mató. No te puedo decir que le clavaron porque no encontramos el arma del asesino por ningún lado, ni tampoco a el, pero debía de ser muy rara porque las heridas parecían estar hechas por varias cuchillas juntas, como si en lugar de cuchillas fueran los dedos de una mano. Si, es una tontería, lo sé, pero realmente me dio esa impresión. — Contó Gerard y no era una tontería, a través de su mente Víctor pudo ver que en realidad la forma de las heridas daba a entender eso. No existían armas que lograsen ese efecto, por lo tanto el arma debía ser propia del asesino. Lo que significaba que solo había podido ser un demonio.

- Así que, ya ves, Emil acaba de ascender, ahora el es el jefe pero a costa de la vida de su padre. Emil está bastante afectado y yo personalmente lo entiendo, era su padre. Resumiendo que Emil está de luto y hoy ninguno de los testigos del suceso trabaja. Seguiremos la investigación a partir de mañana, aunque, ya no será lo mismo. — Le explicó Gerard

- Lo siento— dijo Víctor refiriéndose a la muerte del padre de Emil.

- No te preocupes, Emil es fuerte, con el tiempo lo superará. Sobre todo si atrapamos a esa gente de una vez por todas. — Dijo Gerard. Víctor no pudo evitar preocuparse al oírlo, no conocía muy bien a Emil, al margen de que fuera amigo de Gerard, pero Gerard era uno de sus mejores amigos y no quería perderlo, y la investigación lo ponía en el punto de mira de muchos atacantes, pero Víctor no podía pedirle que la dejara porque en eso consistía su trabajo, y porque Gerard no lo entendería.

- ¿El padre de Emil es la única víctima asesinada de ese modo? — Preguntó Víctor en cuanto penetraron en la plaza principal de Stern. La plaza de Stern era una plaza elíptica que era el centro de la ciudad y de ella parecía partir el resto de la ciudad. La plaza estaba limitada enfrente por dos edificios culturales, el teatro y la opera de Stern en donde no solo se representaban operas, sino también conciertos de música de los más conocidos compositores alemanes y europeos. Una fuente marcaba el centro de la plaza y dos bancos de piedra los lados derecho e izquierdo. Cada uno de los bancos estaba situado al lado de una de las salidas de la plaza y dispuestos de tal manera que se situaban entre esa salida y la entrada, por la que habían penetrado Víctor y Gerard en la plaza.

- Si, pero creemos que aparecerán más por lo que no nos preocupa que el cuerpo se vaya a enterrar— contestó Gerard.

- Espero que no tengas razón. No me gustan nada las muertes— opinó Víctor aunque igual sospechaba que esto no pararía tan rápido.

- Yo también lo espero auque no niego que el aumento de casos como este podría ayudar a descubrir al asesino y cogerlo— Comentó entonces, Gerard.

¿Que el aumento de casos podría ayudar a descubrir al asesino y cogerlo? Pero ¿De donde sacaba Gerard esa idea? Hasta ahora el aumento de muertes no había aclarado nada. Bueno no había aclarado nada a Gerard, pues Víctor sabía quienes eran los autores, aunque aún no podía identificarlos con nombres porque las criaturas maléficas sabían ocultarse entre los humanos. Pero esperaba poder hacerlo gracias a la capacidad de los seyens de distinguir a las criaturas de otros seres, como humanos y seyens, por medio de su energía vital y gracias a sus poderes.

Víctor sacó su reloj de plata del un bolsillo interior de su chaqueta y miró la hora, faltaban unos minutos para las doce, la hora a la que el solía comer.

- Debo irme— Dijo Víctor y se giró para irse pero Gerard lo detuvo cogiéndole el brazo.

- Espera— Dijo. Víctor se giró hacia el y le pregunto:

- ¿Porque? ¿Ocurre algo? — Gerard lo soltó, parecía un poco intimidado por la mirada de Víctor, no porque fuera mala, sino porque noto en ella algo nuevo, como si hubiera cambiado y era ese cambio el que provocaba esa sensación en el aunque no sabía porque. Sin embargo, enseguida se repuso y dijo:

- Es que se me había olvidado darte esto — Gerard entregó a Víctor dos entradas para una opera, que Víctor observó sorprendido, se trataba de dos entradas para ver una ópera de Richard Wagner titulada Tristan e Isolda que estaba inspirada en una historia mitológica.

- ¿Una obra de Richard Wagner representada en Stern? ¡Esto no puede ser verdad! —  exclamó Víctor ilusionado.

- Y sin embargo lo es. La obra es esta noche y tienes una entrada para ti y otra para Layla —  Dijo Gerard.

- No se si sus padres la dejaran salir con los asesinatos que se están produciendo. —  Dijo Víctor.

- La obra empieza a las siete y media y dura cuatro horas por lo que acabará a las once y media. Creo que es una hora razonable para devolver a Layla a sus padres —  Argumentó Gerard.

- Puede que tengas razón. —  Admitió Víctor.

 - Bueno, me tengo que ir. Espero que asistas a la ópera — Dijo Gerard y se fue.

Víctor observó las entradas un instante, la idea de pasar una velada agradable con Layla era tentadora y además Tristan e Isolda era una bonita historia a pesar de su desenlace trágico. Sin embargo Víctor era un seyen y tenía una misión que cumplir. Vivir una vida humana o cumplir su cometido como seyen, ¿es que acaso uno no podía hacer las dos cosas? Quizás si. Si Víctor llevaba a Layla a su casa en cuanto acabara la obra entonces no perdería mucho tiempo y luego podría ir a su casa, coger su arma e intentar cumplir su misión como seyen. Si, podría funcionar.

Víctor se encaminó a su casa pensando en que esta tarde convencería a los padres de Layla de que dejaran salir a su hija y por la noche pondría en marcha su  plan. Confiaba en que le saliera bien y no ocurriera nada malo ni a la tarde ni por la noche.

Lee el último capítulo publicado :)

Capítulo 30 :D

Ya vienen los reyes, por el arenal. Ya le traen al niño, un nuevo Capítulo. 🎶🎵 ...  ¡Ah! no, que no es así xD. En fin aquí teneís el nuev...

Capítulos más vistos