miércoles, 20 de febrero de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 4



4

- Víctor, ¿estás ahí? ¡Víctor! —  La voz de Layla lo sobresaltó, devolviéndolo a la realidad, no podía creer que la hubiera ignorado, aunque no deliberadamente.

- Lo siento Layla, estaba distraído— admitió sintiéndose culpable. No sabía que le estaba pasando y para peor esas voces no cesaban.

- No pasa nada, no era importante. — Layla le quitó importancia, o esa mujer era demasiado buena o lo quería demasiado. O las dos cosas. En cualquier caso Víctor se lo agradecía. No sabía muy bien que eran realmente esas voces; si su suposición era cierta o no, pero estás le impedían concentrarse en cualquier conversación, que Layla u otra persona intentase entablar con el. Necesitaba salir de allí y rápido o fácilmente se volvería loco.

- Layla, voy a salir a dar un paseo, necesito tomar el aire— se disculpó Víctor, tenía que salir de allí, ya.

- ¿Puedo acompañarte? — Preguntó Layla, Víctor la miró dudoso, en otra ocasión le hubiera encantado estar a solas con ella allí fuera pero ahora le convenía estar solo para alejarse de esas voces.

- Ahora mismo no, vente después— contestó el y salió del restaurante. En cuanto estuvo fuera dejó de oír las voces y eso le tranquilizó y le permitió reflexionar sobre lo ocurrido. 

Algo en su interior le decía que de verdad estaba oyendo pensamientos y que no estaba soñando pero lo que había pasado en el restaurante no era normal y Víctor estaba seguro de no haber enloquecido pero entonces... ¿Qué es lo que ocurría realmente? ¿Como era posible que el ahora oyera los pensamientos de otros?

Eso no tenía explicación a menos que...

Las palabras de su padre le vinieron a la mente: "Los seyens pueden oír los pensamientos de cualquiera y eso les permite..." si, los seyens oían los pensamientos pero él no era seyen, ¿o sí?

Hace mucho tiempo, cuando él ya tenía uso de razón su padre le fue revelando, primero a base de leyendas y luego con vivencias y relatos, como detrás de las sombras y la oscuridad de la noche existe un gran peligro para la humanidad. Seres de pesadilla que existen realmente. Monstruos que los humanos solo conocen por leyendas y cuentos. Esos monstruos, como el bien sabía, eran los que estaban provocando esta situación en la ciudad. Y solo existe una raza que puede hacerles frente, los seyens. Descendientes de los arcángeles, estos seres poseían poderes extraordinarios. Se introducían en la  mente de sus adversarios y averiguaban sus mayores miedos para luego utilizarlos contra ellos y así poder hacerles frente. También sabían luchar y eran más rápidos y ágiles que los humanos.
Sin embargo había otra cosa, según el recordaba, algunos humanos podían llegar a transformarse en seyens y al hacerlo adquirían esos poderes. Evidentemente, no era algo casual, y solo le ocurría a unos pocos elegidos.

¿Entonces, era eso lo que le estaba ocurriendo?, ¿se estaba transformando en seyen?

Por primera vez en mucho tiempo Víctor deseó que su padre ,que había sido un seyen anteriormente, estuviera allí para contestar a esas y otras preguntas que tenía en mente pero él había muerto hace cinco años, asesinado por unos licántropos, justo delante de Víctor al salvarlos a él y a su hermana mayor, Giovanna, de esos mismos licántropos.

Por ello, no tenía un modo fijo de averiguar si se había transformado en seyen, pues él solo recordaba brevemente algunas características de ellos. Lo mejor era que volviera a su casa y buscara la libreta en la que había tomado notas de lo que su padre le iba contado. Una vez repasada la libreta, seguro que recordaba más cosas y entonces podría saber si de verdad se estaba transformando o no.

Planeado ya su próximo paso, Víctor se dedicó a mirar el horizonte, la noche estaba, oscura con un cielo que oscilaba entre nubes y claros, (en este momento había nubes), pero el veía perfectamente y no debido a las farolas que iluminaban o intentaban iluminar la ciudad, sino debido a otra cosa, aunque no acertaba a adivinar el qué.

Layla salió del restaurante y se acercó a él, no quiso echarla, al fin y al cabo ahora mismo él no podía saber nada más, lo supo porque la sintió antes de verla pero decidió no preocuparse por ello.

- ¿Víctor? — preguntó ella como pidiendo permiso para hablar, el giró la cabeza con una sonrisa que ella le devolvió al instante

- Esto esta muy oscuro— añadió situándose a su lado.

- ¿En serio?, pues yo veo bien— se limitó a contestarle él, sabía que no era normal que viese tan bien más darle vueltas ahora era inútil, no conseguiría averiguar nada.

- ¡Puede que tengas vista de Búho! — bromeó ella divertida, provocando una pequeña risa en ambos. Se cogieron de la mano en un gesto casual, más ella terminó por observar los alrededores con cierta desconfianza y dijo instando a Víctor a acompañarla de nuevo al restaurante.

- Vamos a volver. — Él la detuvo con delicadeza, ella se giró y por unos instantes se miraron, finalmente los labios de él mostraron una sonrisa maliciosa y tentadora y dijo:

- ¿No estás bien aquí conmigo? —

- Sí... — contestó ella algo dudosa, realmente se sentía bien allí a solas con él, pero no sabía si era lo más prudente para ella. Ni lo más adecuado.

- ¿Pues entonces? —  añadió el interrumpiéndola y la resolución de ella flaqueó terminando ella por decir:

- Nada, mejor nos quedamos aquí. — Layla se debatía entre lo tanto que le asustaba, (a ella y a todo el mundo desde las muertes), estar allí desprotegida en una noche oscura y lo segura que se sentía con Víctor. Él sonrió al ver eso en su mente aunque no pudo evitar sentirse culpable por haber leído sus pensamientos. Ojalá averiguara pronto lo que ocurría para así pararlo. Ella se quedó mirándolo durante un buen rato pensando en lo increíble que había sido que un joven como él se fijara en ella. Al oír eso Víctor empezó a cambiar de idea:

Creo que me gusta este poder” pensó y entonces vio en la mente de Layla una escena parecida a lo que había ocurrido en el restaurante solo que en ella eran ellos los que anunciaban su compromiso y no Simeón y Dianne y eran los padres de ella los que anunciaban su conformidad y luego...
Para, Víctor para” se ordenó interiormente a si mismo “¡Para de leer su mente!”...

La conciencia de ella desapareció, Víctor, se extrañó, puede que su poder solo fuera temporal, que afortunadamente no se estaba transformando. Pero en realidad no era así, simplemente estaba aprendiendo a controlarlo.

- Dianne y Simeón me dan algo de envidia. — Admitió Layla

- ¿Lo dices por la boda? — Preguntó Víctor — Ya sabes que cuando quieras... — añadió y ella lo interrumpió enrojeciendo.

-Yo, no... —, “” oyó Víctor, otra vez estaba leyéndole la mente, ¿Es que acaso no tenía remedio?
Layla siguió procurando explicarse con más claridad.

- No estoy segura de que me quiera casar y además mis padres no aceptarían nuestra boda. —

- Bueno...aún tenemos tiempo— Le concedió Víctor, en realidad tenían todo el tiempo del mundo pero Víctor no quería casarse demasiado tarde, ya tenía veintitrés años. Por eso no pudo evitar musitar en voz baja. — Pero no demasiado—

- ¿Que estás murmurando? — Le reprochó Layla al darse cuenta, estaban demasiado cerca para que ella no advirtiese esos detalles.

- Nada, es solo que no quisiera ofender pero me parece que está muy mal que tus padres te obliguen a casarte y con un hombre que no quieras. — Explicó Víctor, lo que era parte del asunto que le preocupaba con respecto a ellos y su relación.

- Ya...es una suerte que me hayan dejado anular el compromiso pero para eso tuve que prometerles que me casaría pronto; pero, ¿como quieres que cumpla esa promesa si apenas me dejan verte? ¿Con quién me voy a casar si no es contigo? — Se quejó ella, al oír eso Víctor sonrió y la atrajo más hacia él.

- Me encanta oír esas palabras de tus labios— le susurró en un tono pícaro, ella se acercó a el pero justo en ese instante aparecieron Dianne y Simeón, y Layla tuvo que retroceder, bastante cortada.


Lo cierto es que le tomó lo suyo reponerse de la sorpresa, realmente no esperaba que alguien los interrumpiera ahora. Estaban solos entre las sombras, el acababa de dedicarle un cumplido, iban a besarse... Pero de improviso, allí estaba Dianne acompañada de su prometido, justo en el momento ideal, a creer que el destino conspiraba contra ellos. Consiguió, a pesar de tono mantener un tono neutro, (ellos no tenían la culpa de que ella y Víctor estuvieran a punto de besarse ahí mismo) y dijo:

- Hola Dianne. Enhorabuena—

- Gracias— agradeció Dianne sonriendo, Simeón, no tan alegre, forzó una sonrisa. Víctor se sorprendió, ¿era solo impresión suya o Simeón estaba fingiendo? ¿Tanto le importaba su hermano que su ausencia a tal evento tenía que desilusionarlo? ¿Además no le había dicho él que no iba a venir? Entonces se percató de que Simeón lo observaba y le devolvió la sonrisa como si nada.

Simeón dudó manteniendo la vista en sus ojos negros, por un momento un brillo de extrañeza cruzó su rostro pero luego sacudió la cabeza. Entonces Víctor supo lo que miraba, sus ojos. Habían pasado del marrón oscuro al negro en apenas un día. A él también le había extrañado, al notarlo mientras se preparaba para la cena. Pero con las prisas apenas le buscó explicación y se convenció de que era cosa de la luz, o un efecto óptico. De pronto, no se sintió muy seguro allí, quizás le convendría marcharse.

- Creo que será mejor que me vaya a casa. Ya es muy tarde. — Dedujo entonces en voz alta.

- ¿Puedo acompañarte? — preguntó Layla.

- Si quieres, pero prefiero dejarte en tu casa antes, y así asegurarme de que no te ocurre nada esta noche. —  Le contestó Víctor.

- ¿Ocurrirme? ¿Te refieres a los asesinatos? Tranquilo, no me pasara nada, sobre todo si voy contigo— aseguró ella bastante tranquila. Se sentía muy tranquila con él, quizás demasiado, al fin y al cabo el no podía protegerla de todo. Pero eso era bueno para su relación. Se despidieron de Dianne y Simeón y Víctor llevó a Layla hasta su carruaje, mientras se dirigían hacia allí vieron que algunas personas montaban en automóviles y los admiraron durante un rato.

- Ojalá mis padres tuvieran el suficiente dinero para comprarme uno. — Comentó ella.

- ¿Comprarte? Entonces será mejor que yo no me compre ninguno para que no te mueras de la envidia— bromeó Víctor mientras se subían al carruaje, que arrancó justo después de que ellos comunicaran su destino al conductor.

- ¿Te vas a comprar un automóvil? ¿Tienes bastante dinero? —  preguntó ella muy sorprendida.

- Bueno, lo cierto es que entre lo que he ahorrado y lo que me queda de la herencia de mi padre creo que ya tengo de sobra para concederme ese y otros caprichos. — Admitió Víctor, lo suyo no era demasiado pero al morir su padre le había dejado una increíble fortuna.

- Ojalá lo compraras para mí, o para dárselo a mis padres, puede que así acepten nuestra boda— dijo ella.

- No pienso sobornar a tu familia ni creo que haga falta hacerlo, solo tenemos que ser pacientes, con el tiempo se darán cuenta de que lo mejor para ti es que te cases conmigo— opinó Víctor.

- Eso espero. — Dijo ella.

El carruaje fue disminuyendo la velocidad hasta que se detuvo en casa de Layla.

- Ya hemos llegado. — Anunció Víctor cuando el carruaje se paró.

- Bueno, me voy. — Dijo Layla mientras se dirigía a la puerta de la carroza y la abría.

- Espera — dijo Víctor acercándose a ella y en cuanto ella se giró Víctor le dio un dulce beso en los labios que ella no dudó en devolver.

- Buenas noches, mi amor. — Dijo el en cuanto se separaron, esa denominación hizo que ella se ruborizara.

- Bu-buenas noches — dijo ella encantada y salió del carruaje que se volvió a poner en marcha justo después de que ella se fuera.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capitulo 3


Víctor:



3


En los alrededores de una de las más ricas viviendas de la ciudad un joven alto cabalgaba sobre un hermoso caballo gris oscuro. Se trataba de un chico esbelto, de cortos y lisos cabellos negros cuyo flequillo le tapaba enteramente un ojo. Sus ojos también eran negros, aunque si uno se fijaba bien, podía entrever algo de luz en ellos. Su nombre, Víctor.

 La zona campal en donde trotaba estaba rodeada de una valla para no permitir que el animal huyese, y apoyado en ella se hallaba un chico de muy corta melena rubia peinada cuidadosamente hacia atrás y ojos verdes. Parecía vestido para ir a una celebración, con un traje blanco de pantalón, chaqueta y camisa, todo ello muy elegante y refinado, aunque algo llamativo.

Estaba leyendo el periódico, consultando las noticias más importantes del día. Especialmente aquella que había sido colocada en primera plana. Un asesinato. Desde hace poco más de una semana, misteriosas muertes habían surgido, también, en las zonas más favorecidas de Stern. Tanto, personas de buena posición, como simples comerciantes y aquello era un hecho muy preocupante.
Sin embargo esta noticia era distinta, las personas muertas hasta ahora habían sido desangradas mientras que esta no. Había muerto de forma diferente. Y lo más importante había mucha sangre en el lugar, cuando en los casos anteriores quedaba muy poca sangre, por decir nada en la víctima. Los investigadores, incluso, se preguntaban que hacían con la sangre. En cambio aquí...

Se detuvo algo horrorizado, quizás esto interesase a Víctor. Pues, desde que las muertes habían comenzado, esté parecía poseer un muy fuerte interés por las noticias que las concernieran. Por ello le hizo señas para que se acercase con el caballo y le preguntó.

- ¿Víctor, has visto esto?—

- ¿Que ocurre? ¿Alguna noticia interesante? — Se interesó Víctor enseguida, lo cierto es que hoy no había visto el periódico. Estaba tan acostumbrado a las mismas noticias que aunque su criada se lo trajo, como todos los días desde el comienzo de las muertes, no le había dedicado ninguna atención.

- Una chica ha sido encontrada muerta, ayer. —  Informó el otro chico y le tendió el periódico.

- ¿Otra más? — Preguntó Víctor con desgana. A pesar de su reciente interés en ellas, estás ya no le sorprendían, de hecho, comenzaba a estar harto y le gustaría que remataran. Pero no podía hacer nada.

- Pero no del mismo modo que las anteriores. — Le aclaró el rubio, Víctor se extrañó, ¿que significaba eso de que no del mismo modo? ¿Acaso los vampiros habían...? Sin pensarlo, cogió el periódico y lo leyó.

Lady Isabelle ha sido encontrada muerta en la calle de la ópera cuando iba a asistir a una función para que ella y su marido celebraran su aniversario de boda. Su cuerpo mostraba las señales de una violenta tortura, razón por la cual no se han publicado las imágenes del siniestro que se encuentran en los archivos de la policía... 

Víctor detuvo su lectura enseguida y devolvió el periódico a su amigo antes de causar un destrozo. Lo que faltaba, demonios. Realmente los odiaba. Como a todos los causantes de estas muertes.
Procurando aparentar calma, miró su reloj y dijo:

- La cena empezará muy pronto, pero Dave, ¿irás así a la cena? — Bajó del caballo y comenzó a guiarlo hacia la cuadra, seguido por Dave, que así se llamaba el chico rubio. Este se encogió de hombros y preguntó.

- ¿Por qué no?—

- Por nada— Le contestó Víctor. — Es solo que llamas un poco la atención. —

- ¡Tampoco creo que sea para tanto! — Exclamó Dave. Llegaron a la cuadra y Víctor se guardó sus comentarios sobre lo llamativo que resultaba ese traje blanco en la noche oscura que les esperaba. Poco después dejó su caballo allí y se encaminaron a su casa.

- Supongo que me tendré que ir. — Intuyó Dave en cuanto llegaron a la puerta.

- ¡Pues claro, no te irás a quedar aquí! ¿No?— Bromeó Víctor. A veces Dave resultaba un poco pesado, aunque le caía bien.

- ¡Vale, ya me voy! — Dijo Dave y se fue. Víctor miró el horizonte, el sol ya se estaba acostando, sería mejor que se preparara si no quería llegar tarde al evento.

Entró en su casa, una mansión bastante grande aunque no ostentosa. A su padre no le gustaban las cosas llamativas. Decía que lo importante no era siempre el exterior sino el interior. Y en eso tenía razón, la casa era cómoda y espaciosa, y era suficiente. No necesitaba otras funciones, y menos servir de adorno. Suspiró con tristeza, realmente no deseaba pensar en su padre ahora pero lo echaba de menos. Bastaba con echar un vistazo a la casa para ver que llevaba su esencia.

Con cierta prisa cruzó el pasillo principal y subió las escaleras para dirigirse a su dormitorio y prepararse para la cena que organizaba Simeón, uno de sus mejores amigos. Y a la cual, obviamente, estaba invitado.


No le llevó mucho tiempo arreglarse y ponerse el traje adecuado, se peinó y, ya listo, bajó las escaleras encontrándose con la criada de la casa, Mary, quién le anunció que abajo le esperaba el carruaje, para llevarle al evento. Asintió y salió de la casa. El cochero arrancó en cuanto el entró y se acomodó llevándole al lugar de la cena, un restaurante muy conocido y prestigioso. Víctor observó el paisaje impaciente, la verdad es que estaba algo intrigado por el motivo de la celebración. Aunque ya sospechaba algo, Simeón y esa chica...Dianne, estaban predestinados para toda la vida. 
El carruaje frenó ante el recinto interrumpiendo sus cavilaciones y Víctor bajó. Este era grande y estaba ya decorado para la ocasión, algunas personas ya estaban dentro acomodadas y tomando algo para esperar, mientras que otras se hallaban fuera y solo entrarían a la hora acordada.

Entre ellas se encontraba una chica de pelo largo y ondulado castaño y rostro en forma de corazón adornado con unos preciosos ojos verdes esmeralda. Se trataba de Layla, una joven con la que había empezado a salir hace unos meses. Se llevaban muy bien y ella quería a toda costa casarse con él, pero sus padres no se lo permitían. De hecho ni siquiera le permitían salir oficialmente, solo organizarse para coincidir en todos los eventos a los que acudían. En cuanto ella lo vio, le dirigió una sonrisa radiante y se arrojó a sus brazos.

- Víctor, ¡me alegro tanto de que estés aquí! — Exclamó

- Yo también me alegro de verte Layla. — Contestó él. La cogió de la mano y entraron en el restaurante.

Dentro, además de ellos, se encontraban muchos conocidos o amigos de Simeón y de sus padres. Que se hallaban en la misma mesa que el organizador, un joven de cabello corto y liso rubio oscuro con un flequillo ladeado hacia la derecha y corte irregular y ojos de un azul bastante intenso. Y Dianne, la elegida de su corazón, una mujer joven de pelo rizo rojizo y ojos castaños.

Víctor y Layla se sentaron en una mesa en una esquina mientras los camareros les servían la comida y enseguida se entabló una conversación entre ellos.

- ¿Que tal en el laboratorio? — Le preguntó Layla, Víctor era químico y trabajaba en uno de lo mejores laboratorios de Stern. Le gustaba, aunque nunca se jactaba de ello. Sabía que con sus estudios podría haber llegado más lejos que eso, más nunca quiso. Estaba bien así.

- Bastante bien. — Contestó Víctor, simplemente.

- ¿Algún descubrimiento? — Se interesó ella.

- Ninguno que valga la pena... ¿Y tú qué? ¿Te has reconciliado ya con tus padres? — Le preguntó él a ella. Era lo que más le interesaba, saber si sus padres aceptarían de una vez su relación.

- Estoy en ello. Es que...Les cuesta aceptar que yo no quiera casarme con ese chico. —Explicó Layla.

Siguieron hablando de cosas cada vez más triviales mientras daban buena cuenta de la comida, se lo pasaban bien aunque solo fuera hablando. Por eso habían decidido estar juntos. Mientras, y a pesar de que era su momento, Simeón no se sentía tan alegre como debería. Sabía que no llegaría, ya se lo dijo en su carta, pero había esperado que en algún momento le diera una sorpresa. Ahora sabía que esa esperanza había sido en vano. Lo vería si, pero no hoy. En fin, era de esperar. Su hermano tenía una vida en Berlín y él ya era bastante mayorcito como para necesitarlo. Era solo que le hubiera gustado que asistiera a aquel evento tan importante para el.

Cuando todo el mundo pareció acabar de comer, alejó esos pensamientos de su cabeza y golpeó suavemente la copa con su cuchara para frenar las diversas charlas y reclamar la atención de los invitados. El tintineo tuvo el efecto deseado y todos se callaron mientras el se levantaba y comenzaba a hablar.

- Buenas noches. Seguramente os preguntaréis porque os he reunido aquí. Lo he hecho porque hace tres años, en esta misma fecha conocí a una mujer maravillosa. Alguien que me convenció de que no importa cuantas desgracias y castigos te de la vida. Siempre habrá algo que te aportará la felicidad suficiente para compensarlo. Para mí ese algo fue ella, alguien que me dio apoyo, cariño, ayuda, cuando la necesitaba, pero sobre todo —Sonrió cariñosamente a su novia quién se estaba avergonzando por momentos. —Amor. El suficiente para recuperar la esperanza de un futuro feliz para mí. Un futuro feliz a su lado. Y es por eso que hoy anuncio, en este día tan memorable. Que, yo, Simeón Lannister, he decidido comprometerme con esta hermosa mujer. Dianne Kruger. — Y instantáneamente instó a la joven a levantarse mientras alrededor la gente comenzaba un aplauso que no parecía tener fin. Únicamente se detuvo cuando los progenitores de ambos les dieron su bendición para luego reanudarse. Hasta que finalmente ellos se volvieron a sentar y poco a poco la sala volvió a la tranquilidad.

- Has estado perfecto ahí arriba. No sabes lo feliz que me hizo que dijeras esas cosas de mí. Aunque creo que exageraste un poco. —Le confesó su novia en un susurro.

- Pues yo, no lo creo, no sabes valorarte adecuadamente. Gracias. — Simeón le dirigió un beso a la mejilla y luego volvió a observar a los invitados algo desilusionado. “Ojalá mi hermano estuviera aquí para verme.” Pensó. Se percató de que Víctor le miraba y le dirigió una sonrisa.

Víctor apartó la mirada de su amigo tras corresponderle la sonrisa forzada. Ese comentario...no era lógico en él. Era como si lo hubiera pensado. ¿Pero desde cuando él oía lo que pensaban otros? Era algo absurdo. Varias voces se unieron al problema, algunas de ellas sobrepuestas. Lo cual no le extrañó ya que estaban en una celebración y era muy raro que la gente no hablara en esas ocasiones pero pronto se dio cuenta de que lo que oía no tenía nada que ver con lo que la gente estaba diciendo sino que era algo parecido a reflexiones en voz alta, no, mas bien parecían pensamientos...Los pensamientos de los asistentes al evento...


miércoles, 6 de febrero de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capitulo 2

2

Al día siguiente Anne se despertó decidida y se tomó un desayuno rápido antes de ir trabajar en el campo. Pues ella era campesina y vivía de lo que cultivaba. Cogió los utensilios necesarios y salió al campo.

En Stern era temporada de recogida de uvas y en el campo ya había varios campesinos y varias campesinas recogiéndolas entre otros menesteres. Anne recorrió la zona con la vista y localizó a una chica conocida. Marina, su mejor amiga. Morena y de estatura media, era una chica agradable y sencilla con la mente muy abierta. Anne y ella se conocían desde que eran niñas y siempre se habían llevado bien.

Tenían muchas cosas en común y a ella también le caía bien Jaymie.

Por ello Anne se animó a situarse a su lado y enseguida se puso a trabajar. Al darse cuenta de que estaba acompañada, Marina levantó la vista y le sonrió.

- Me alegro de que estés mejor. —Dijo. Anne le devolvió la sonrisa y le dio las gracias. Sin embargo, poco después oyó algo extraño por parte de la joven.

Lo que es una lástima es lo de Jaymie, me hubiera gustado verlas de nuevo trabajando juntas y en armonía.” Y es que aunque la voz pertenecía claramente a Marina, la chica no había abierto la boca.

- Perdona, ¿que has dicho?—Preguntó Anne extrañada. Marina la miró sorprendida, ¿Acaso la había oído pensar...? No, no podía ser. Era imposible.

- Nada, estaba pensando en mis cosas. —Contestó con el tono más tranquilo que pudo adoptar. Lo que hizo que Anne se sorprendiera aún más si cabe. Si era cierto que estaba pensando ¿Como es que la había oído? Era imposible, seguramente se lo había imaginado. Por lo que siguió con sus tareas hasta que vino el momento de ir a su casa. Entonces recogió lo suyo, se despidió de Marina y se aprestó a volver a su hogar.



Sin embargo, por el camino volvió a escuchar cosas extrañas. Voces de personas que estaban en silencio. Opiniones, críticas, protestas,... Cosas que la gente nunca se hubiera atrevido a revelar en voz alta. Fue entonces cuando se dio cuenta de que realmente se trataba de pensamientos. Pero, ¿que le estaba pasando?
Ahora mismo no podía averiguarlo, pues la gente se alertaría y con razón. Decidió acabar su camino hasta casa y una vez allí y en silencio se puso a reflexionar sobre ello.

Desde luego no era normal. Oír los pensamientos de alguien, era algo imposible para ella, y solo había dos modos de explicarlo. Que hubiera enloquecido o, en el caso más sorprendente, cambiado. Volviéndose lo más parecido a lo que era Jaymie. Aunque... ¿Por qué ella?

Según ella recordaba Jaymie al igual que todos los seyens poseía ciertos poderes mentales como leer la mente o crear ilusiones para confundir sus enemigos. Y ahora resultaba que Anne también, ¿significaba entonces que se estaba convirtiendo en seyen? ¿Era posible?

Si realmente lo estaba haciendo pronto tendría los mismos poderes que ellos. Que eran, además de los ya mencionados, “lanzar” o atraer ciertos objetos con la mente, borrar la memoria y crear ilusiones de dolor. También tendría sus cualidades, es decir, mayor rapidez y agilidad y la capacidad de volar, gracias a unas alas etéreas que creaba en caso de necesidad. Además de la protección de la luz de la luna que conferiría a su piel un brillo hipnotizante que permite absorber la energía de cualquier criatura maléfica, al menor contacto.

Con todos esos poderes y cualidades podría luchar por cambiar las cosas. Proteger a la gente de los verdaderos asesinos de la noche y destruirlos. Además de protegerse a si misma. Sería genial... 

Pero, ¿de verdad sería tan sencillo? ¿Se solucionaría todo con salir a la calle de noche y salvar a la gente?

No...Seguramente no, allí afuera había peligros que ella difícilmente podría imaginar. No podía simplemente salir y confiar en vencer sin ni siquiera saber como defenderse del mal. Pero, entonces, ¿que debía hacer? Fue entonces cuando recordó como luchaban los seyens. Estos poseían una energía que transmitida al tipo de arma adecuado les permitía penetrar y lastimar la piel de sus enemigos. Solo las armas reforzadas con esa energía podían conseguir ese efecto; por ello únicamente los seyens podían enfrentarse a las criaturas maléficas que amenazaban a la humanidad.

Entonces eso era lo que tenía que conseguir armas. Algo difícil de buscar ahora, la gente sospecharía pero quizás de noche podría encontrar lo que le interesara. En ese momento no habría mucha gente en las calles y podría pasar más desapercibida. Si, era lo mejor.

Anne decidió que a la noche miraría a ver donde podría encontrar armas o cualquier cosa que le permitiría defenderse.



El tiempo fue pasando mientras ella organizaba sus cosas, comía e intentaba practicar sus nuevos poderes, aunque era difícil hacerlo sola. Poco a poco fue cayendo la tarde y después la noche. Cuando esta estuvo en su punto más oscuro Anne se animó a salir de su casa.



Al poner los pies fuera, Anne pudo ver como su piel brillaba a la luz de la media luna que adornaba la noche, era algo notorio pero no le disgustaba. La noche se veía fría, oscura y un poco húmeda, normalmente a estas horas ella ya estaría durmiendo, sin embargo en aquellos instantes había algo que la impedía conciliar el sueño. Su nueva identidad de seyen y con ello un cometido, proteger a la ciudad; aunque ciertamente no sabía como hacerlo llegado el momento, solo los pasos iniciales que debía dar para conseguirlo. El primero de ellos, conseguir un arma.

Algo le decía que no era allí donde debía conseguirla, ni siquiera en las cercanías, no, lo que ella necesitaba se hallaba lejos y si quería llegar hasta allí para que luego le sobrase noche para aprender a manejarla debía volar.

Comenzó a caminar en la noche hasta que llegó a una zona en donde había un precipicio y pensó en tirarse por allí; no es que necesitara ver si volaba porque seguramente lo hacía era que dudaba de que ella pudiera elevarse así como así por magia divina o lo que poseyera ella ahora que era seyen. Así que era mejor tirarse por algún y esperar que las alas apareciesen para salvarla de la caída, Jaymie le había mencionado algo parecido en algún momento aunque ciertamente no lo recordaba bien. 


Sin mirar hacia abajo Anne se tiró por el precipicio, por unos instantes la adrenalina le subió y también el miedo, casi se imaginaba abajo estrellada pero entonces sucedió.
Unas alas blancas y resplandecientes aparecieron en su espalda y Anne comenzó a flotar, en cuanto se dio cuenta miró alrededor y decidida se impulsó y voló, no tardó mucho en darse cuenta de que volaba a una velocidad sorprendente, mejor, eso la ayudaría a llegar rápido a su destino.

Guiada por su instinto (que sorprendentemente parecía muy espabilado ahora que era seyen) Anne pasó de una parte a otra de la ciudad en muy poco tiempo y por curiosidad decidió explorar la zona rica...

Miró con curiosidad y deseo unas casas bien decoradas y pintadas, sintiendo envidia de aquella gente a la que le iba tan bien todo hasta que pasó por delante de una vitrina y algo la hizo detenerse. Allí, expuestas había, entre otras armas antiguas, una espada y un escudo pequeño que le llamaron la atención enseguida, parecían armas bastante fáciles de manejar y eficaces. Pero no solo era eso, había algo en ellas que la atraía, era como si en algún momento estuviese destinada a poseerlas. Incluso aunque no sepa como manejarlas.

Bueno, ya aprendería, el caso es que las necesitaba.

Aterrizó de pie en el suelo y las alas desaparecieron, ella extrañada miró a su espalda pero no le dio mucha importancia, pues sabía que no las había perdido ni mucho menos, reaparecerían en cuanto las necesitase. No sabía como abrir la puerta ni le importaba porque, en realidad, ella planeaba romper el cristal y coger lo que necesitaba. Miró alrededor y al ver que no había nadie más que ella allí cogió unas piedras y las tiró contra el cristal, no sintió remordimientos al hacerlo ya que con su humilde situación no era la última vez que se veía obligada a robar para subsistir.

En cuanto el cristal estuvo lo suficientemente roto para que ella pudiera coger las armas, se acercó a la tienda para introducirse en ella pero por un instante su brazo rozó contra el cristal y sangró formando una pequeña herida que se curaba a una velocidad impresionante. Apenas le dedicó una mirada a ese detalle y luego de penetrar en la tienda cogió las armas. En cuanto las tocó sintió una especie de conexión con ellas y una energía las recorrió rejuveneciéndolas por completo. Ahora podría usarlas sin ningún problema. Con la espada en una mano y el escudo en otro abandonó la tienda no sin mirar un instante atrás antes de partir.

El estropicio que había dejado era difícil de esconder pero eso no importaba, un cristal roto a pedradas sería calificado como acto de vándalos, (algo que no iba mucho con ella), y en cuanto a las armas nadie iba a darle importancia, al fin y al cabo esas cosas ya no se usaban.

Decidida a partir, Anne pensó en las alas y elevarse con ellas con fuerza y sorprendentemente lo hizo, parecía que al final todo se podía controlar después de todo.


Fue entonces cuando se cercioró de que aún no sabía muy bien que hacer con los poderes...Como controlarlos bien…Ante la imposibilidad de encontrar una solución inmediata decidió dejarlo estar por ahora, ya lo meditaría más adelante. Una vez elevada, partió volando por el cielo nocturno.

Buscó un lugar en donde no hubiera nadie que la viera y cuando lo encontró se posó tranquilamente, observó las armas, y, obedeciendo a un impulso más instintivo que racional, cogió la espada por el mango con la mano derecha y el escudo con la izquierda.


Por suerte había escogido unas armas de fácil manejo o eso le pareció a ella cuando empezó a practicar con la espada. Aparte había algo especial que le permitía manejarlas, lo mismo que la había motivado a cogerlas. Era como si esa espada y ese escudo estuviesen destinados a ella desde siempre. Si, por eso no había dudado en robarlas en la tienda, eran justo las armas que necesitaba para triunfar y proteger a los humanos.
Animada ante el hecho Anne estuvo practicando hasta que irremediablemente se cansó y no tuvo más remedio que volver a su casa.

Una vez allá Anne escondió las armas en donde solo ella pudiera encontrarlas y se fue a la cama a descansar. A la noche siguiente empezaría a defender la ciudad.
No sabía lo que le esperaba pero se sentía preparada.


sábado, 2 de febrero de 2013

Noticias sobre Stern

Hola amig@s posteo esta entrada para anunciar que, después de hacerle lo cambios correspondientes, he decidido volver a publicar la historia desde el principio en el foro de crepúsculo . Además he modificado el capítulo que tengo publicado aquí de tal modo que está mejor estructurado y, o explicado. Podeís leer el primer capítulo aquí : Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 1 , si queréis  también puedo comenzar a publicar la historia aquí para compensar la falta del diario de Evelin, ¿que os parece?

Para acceder al índice de Stern solo tenéis que cliquear en la página de arriba que pone Seyens: 1ª parte Stern Indice .

Nos leemos en cuanto pueda :D

Lee el último capítulo publicado :)

Capítulo 30 :D

Ya vienen los reyes, por el arenal. Ya le traen al niño, un nuevo Capítulo. 🎶🎵 ...  ¡Ah! no, que no es así xD. En fin aquí teneís el nuev...

Capítulos más vistos